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Desde el 28 de mayo pasado y hasta el 27 de noviembre, en Venecia se realiza la 15 Bienal de Arquitectura de Venecia, referente de la arquitectura contemporánea mundial.

Participando desde 2002, este año el Pabellón de México atiende al llamado del director artístico de la Bienal, el chileno Alejandro Aravena, quien, buscó hacer de esta edición un encuentro que vinculara de manera real y tangible a la arquitectura con el contexto económico, social, cultural y político en donde se construye.

Bajo el título Despliegues y Ensambles, el diseño del Pabellón estuvo a cargo del curador Pablo Landa y TUUX, quienes buscaron dotar de una personalidad itinerante a su trabajo de tal manera que será posible trasladarlo y exhibirlo en otras partes de México y el mundo.

Así, luego de una convocatoria que provocó la recepción de casi 300 proyectos provenientes de 26 estados de la República Mexicana, a través de los 31 proyectos elegidos el pabellón mexicano da constancia de la fuerza e impacto que ha tenido la arquitectura de corte social en nuestro país.

Y es que, la arquitectura social y participativa en México tiene ya una larga historia, cuyo comienzo muchos marcan con el autogobierno de la Facultad de Arquitectura de la UNAM allá por 1972. Sin duda, un momento de ruptura en una generación de jóvenes arquitectos y estudiantes que buscan darle a esta disciplina, un poder capaz de detonar el cambio a corto, mediano y largo plazo pues para ellos, esta profesión tenía y tiene un potencial y un valor primordial en el desarrollo de un sano hábitat humano que brinde bienestar y calidad de vida.

Siguiendo esta línea y buscando referir a los procesos que respaldan una obra o edificio, en Venecia, proyectos como Palo Alto, Walk the Line, los Conjuntos Cohuatlán y Xacalli, Mujeres de Arcilla y la arquitectura vernácula, presentan la relación entre lo social y el espacio construido, así como la importancia de la dimensión colectiva y activa en el desarrollo de un proyecto arquitectónico.

Bajo la consigna de que la arquitectura tiene más potencial cuando se escucha y colabora con la sociedad, todos los proyectos que México presenta este año, ven a la sociedad como el sujeto de la transformación y no como un objeto de intervención.

Para el portal inmobiliario Lamudi, la visión del Pabellón de México en la Bienal 2016 coincide en mucho con la agenda de desarrollo urbano para los próximos 20 años que se estableció en Hábitat III. En ambos casos el derecho a habitar con calidad, a construir una relación armoniosa entre lo urbano y lo rural, así como a hacer de los habitantes protagonistas de su propio cambio, se colocan como las metas a lograr.

En un diálogo perpetuo que busca balancear saberes tradicionales con conocimientos técnicos y profesionales, en busca de un habitar digno y un derecho a la ciudad y al campo. Los artífices de los proyectos expuestos en Venecia, afirman que es en el campo, en el entorno rural y en la periferia, donde se cuentan con más oportunidades para trabajar orgánicamente con la población y crear proyectos arquitectónicos que den solución a los problemas de hábitat moderno.